Chat interno, tickets entre áreas y permisos por usuario — dentro de SIO, junto a tu operación. Todo queda registrado: quién lo pidió, cuándo y cómo se resolvió. Tu información nunca sale de la plataforma.
Si ventas necesita mandar algo a facturación, se hace aquí mismo — no en el teléfono personal de nadie.
Conversaciones del equipo dentro del sistema, al lado de las facturas, pedidos y reportes de los que hablan.
Cada pedido interno tiene estado, responsable y fecha. Nada se pierde en un chat que nadie relee.
Roles por usuario: cada quien ve solo los módulos, empresas y acciones que le corresponden.
Cada acción y mensaje queda registrado: quién, cuándo y cómo. Auditable cuando lo necesites.
¿Alguien deja la empresa? Cierras su cuenta y listo. Tu información nunca estuvo en su teléfono.
El mismo equipo puede operar varias empresas, cada una con sus propios permisos y registros.
El sistema es multiempresa y multiusuario de origen. No es una licencia por computadora ni un archivo que alguien tiene en su máquina.
Si manejas más de un RFC, cambias de empresa sin volver a entrar y sin mezclar información. Cada una con sus datos, sus catálogos y su contabilidad aparte.
Por usuario y por pantalla: quién puede ver, agregar, modificar, borrar o consultar. No es esconder un botón — lo que no te toca, no te responde.
Un vendedor entra a la misma pantalla que su jefe, pero ve su cartera y no la de todos. El recorte no es solo de pantallas, es de filas.
Cierras su cuenta y ya. No te preguntas qué se llevó en su USB ni qué carpeta compartida sigue abierta, porque la información nunca estuvo en su máquina.
Aquí es donde casi todos los sistemas se rompen: dan acceso a la IA con una llave maestra y todo el mundo termina consultando todo. En SIO el asistente hereda los permisos de quien lo usa.
Tu contador conecta su Claude con su credencial; tu vendedor con la suya. No hay una clave del sistema que se pase por correo y acabe en manos de cualquiera.
No es que la IA pregunte y le digan que no. Es que la lista de cosas que puede hacer se arma según los permisos de esa persona: si no tiene acceso a contabilidad, las herramientas de contabilidad no existen para ella. Y eso importa doble, porque algunas no solo leen — concilian, generan pólizas o cierran periodos.
Si alguien pregunta por un RFC al que no tiene acceso, la respuesta es que no lo tiene — no un dato que no debía salir. El límite entre empresas también aplica a la IA.
Cada consulta que hace la IA se anota: quién la hizo, de qué empresa, qué consultó y cuándo. Si un día hay que rendir cuentas de qué se preguntó, está escrito.
Te mostramos el chat, los tickets y los permisos con un caso real de tu giro.